¿Quién Vuela?

volarSe han detenido a pensar alguna vez ¿cuántas veces a la hora de tomar decisiones, a la hora de juzgar, a la hora de decidir si algo es bueno o malo, a la hora de actuar incluso, somos realmente nosotros quienes lo hacemos?

Déjenme y explico lo que quiero decir con esta historia, que posiblemente muchos conozcan.

Una mujer joven estaba haciendo un pan, en el momento en que lo metería al horno entra su mamá y le dice: “No le has cortado ambos extremos” La hija pregunta, “¿por qué he de hacerlo?” la mamá respondió “Porque así es la receta, tu abuela me la enseñó”. La hija, inquieta, llama por teléfono a la abuela y le pregunta sobre el por qué de cortar los extremos del pan y la abuela riendo le responde: “Yo los cortaba porque si no, el pan no me cabía en el molde pequeño que yo tenía en ese entonces cuando le enseñé la receta a tu mamá”.

¿Cuántas veces juzgamos a otros, hacemos cosas, decidimos cosas sólo porque “así se ha hecho siempre”? En la historia de la humanidad, ¿cuántas vidas se han perdido, cuánto daño se ha hecho por mantener las ideas de otros sin cuestionarlas y sin preguntarnos si aplican o no a nuestra realidad y nuestras necesidades?

He estado tratando de hacer el ejercicio de cuestionarme muchas cosas sobre mí, sobre los conceptos que tengo en la vida y he detectado una gran cantidad de pensamientos que vengo arrastrando desde mis bisabuelos y más allá, ideas que me han impedido ser y disfrutar plenamente de la vida, de mi rol en el mundo, de lo que “se debe” y “no se debe” hacer” etcétera. Y es increíble lo que se encuentra y sobre todo, lo que ya no nos sirve que seguimos usando y sosteniendo como bandera propia.

Los invito a hacer lo mismo. Es revelador empezar a cuestionarnos sobre nuestra forma de ser: ¿Soy callado realmente o me dijeron que las personas calladas son buenas y educadas? ¿Aguanto malos tratos o que pasen sobre mí porque me dijeron que alguien que sufre es alguien de admirar? ¿Soporto situaciones que “corresponden” a mi rol como mujer u hombre porque si no, no soy buena mujer o buen hombre? Y así, mil cosas más que podríamos discutir si son válidas o no para nuestra vida, nuestro desarrollo, nuestra felicidad y para dejarnos ser esa gran persona que podemos ser, explotando al máximo todo nuestro potencial.

Ojalá y todos podamos ir eligiendo aquello que sí nos sirve y nos hace mejores y soltando cada vez más los lazos que, muchas veces nuestra familia, nuestra sociedad y la misma raza humana, nos han impuesto y que nos impiden volar más alto.

Todos estamos hechos para volar… ¿hasta dónde llegaremos?

Un abrazo y mi cariño para todos ustedes, ¡águilas majestuosas!

TUTI FURLÁN

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